żEs conocimiento la creencia verdadera y justificada? - Edmund L. Gettier
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 EDMUND L. GETTIER

 ¿ES CONOCIMIENTO LA CREENCIA VERDADERA Y JUSTIFICADA?*

En los últimos años se han llevado adelante tentativas de tenor variado a efectos de establecer condiciones necesarias y suficientes para que alguien conozca una proposición dada. Dichas tentativas han sido, frecuentemente, de tal modo, que se las puede presentar de una manera similar a la siguiente[1]:

    (a)   S sabe que P syss  (I) P es verdadera.

                                               (II) S cree que P y,

                                              (III) S está justificado en creer que P.

Chisholm, por ejemplo,  ha sostenido que la siguiente formulación da  las condiciones necesarias y suficientes para el conocimiento[2]:

    (b)   S sabe que P syss (I) S acepta P.

                                              (II) S tiene evidenciaα adecuada para P y,

                                             (III) P es verdadera.

     Ayer ha establecido como sigue las condiciones necesarias y suficientes para el conocimiento[3]:

 

(c)  S sabe que P syss (I) P es verdadera.

                                             (II) S está seguro de que P es verdadera, y

                                            (III) S tiene el derecho de estar seguro de que P es verdadera.

 

   Argüiré que (a) es falsa en tanto que las condiciones allí establecidas no constituyen una condición suficiente para la verdad de  la proposición de que  S sabe que  P.  El mismo argumento  va a mostrar que (b) y (c) fracasan si  “tiene adecuada evidencia para” o “tiene el derecho de estar seguro” es  sustituida en lugar de “está justificado en creer que”  en cada una de los casos de su aparición.

 

   Comenzaré por llamar la atención sobre dos puntos. Primero: que en aquél sentido de “justificado” en el cual el que S esté justificado en creer que P es una condición necesaria de que S sepa que P es posible para una persona estar justificada en creer una

proposición que de hecho es falsa. Segundoβ: para toda proposición P, si S está justificado en creer que P, y P implica  Q, y S deduce Q de P y acepta Q como resultado de esta deducción, entonces S está  justificado en creer que Q.

   Manteniendo en mente estos dos puntos, presentaré ahora dos casos en los cuales las condiciones establecidas en (a) son verdaderas para cierta  proposición aunque es al mismo tiempo falso que la persona en cuestión conozca tal proposición.

 

Caso I.

   Supóngase que Pérez y Gómezγ  han llenado el formulario de aspiración para un determinado empleo. Y supóngase que Pérez tiene firme evidencia para la siguiente proposición conjuntiva:

 (d) Gómez es el hombre que obtendrá el empleo y Gómez tiene 10 monedas en su bolsillo.

   La evidencia de Pérez para (d) podría ser que el presidente de la compañía le aseguró a él que Gómez sería, al fin, el elegido para el cargo y que él, Pérez, ha contado las monedas del bolsillo de Gómez 10 minutos antes. La proposición (d) implica:

            (e) El hombre que obtendrá el empleo tiene 10 monedas en su bolsillo.

   Vamos a suponer que Pérez ve la implicación desde (d) hasta (e) y que acepta (e) sobre los fundamentos de (d) para los cuales él tiene firme evidencia.

   En  ese caso, Pérez está claramente justificado en creer que (e) es verdadera.

   Pero imagínese más aún: que, como dato desconocido para Pérez, él mismo y no Gómez obtendrá el empleo. Y que, de manera igualmente ignorada por Pérez, él mismo tiene 10 monedas en el bolsillo. La proposición (e) es entonces verdadera, aunque la proposición (d) de la cual Pérez infiere (e) es falsa. En nuestro ejemplo entonces todo lo que sigue es verdadero: (I) (e) es verdadera. (II) Pérez cree que (e) es verdadera, y (III) Pérez está justificado en su creencia de que (e) es verdadera. Pero es igualmente claro que Pérez no sabeδ que (e) es verdadera; porque  (e) es verdadera en virtud del número de monedas en el bolsillo de Pérez, mientras  que Pérez  no sabe cuantas  monedas hay en su bolsillo y basa su creencia en (e) en un recuento de las monedas del bolsillo de Gómez de quien él falsamente cree ser el hombre que obtendrá el empleo.

 

Caso II.

   Vamos  a suponer que Pérez tiene firme evidencia para la proposición siguiente:       

(f) Gómez es propietario de un Ford.

    La evidencia de Pérez podría ser que Gómez, hasta donde Pérez puede  recordar, siempre fue propietario de un coche y siempre se trataba de un Ford, y que Gómez ha invitado recientemente a Pérez a dar un paseo mientras conducía un Ford. Imaginemos, ahora, que Pérez tiene  otro amigo, López, de cuyo paradero es completamente ignorante.

   Pérez selecciona  nombres de lugares en número de tres, completamente al azar, y construye las tres proposiciones siguientes:

(g)  Gómez es propietario de un Ford oε (vel)López está en Boston.

(h)  Gómez es propietario de un Ford  o (vel) López está en Barcelona.

 (i)  Gómez es propietario de un Ford o (vel)  López está en Brest-Litovsk.

    Cada una de estas proposiciones está implicada por (f). Imagínese que Pérez se percata de la implicaciónθ de cada una de las  proposiciones a partir de (f). y procede a aceptar (g),.( h). e (i). sobre la base de (f). Pérez ha inferido correctamente (g). , (h). e (i). a partir de una proposición para la cual él tiene firme evidencia. Pérez está, por lo tanto, completamente justificado en creer cada una de estas tres proposiciones; Pérez, por supuesto, no tiene ni idea de donde está López. Pero imagínese ahora que las dos siguientes condiciones valen: primero, Gómez no es propietario de un Ford sino que en la actualidad  conduce un coche alquilado. Y segundo, que por curiosa coincidencia, enteramente desconocida por Pérez, el lugar mencionado en la proposición (h). resulta ser realmente el lugar donde se halla López. Si se cumplen estas dos condiciones entonces Pérez no sabe que (h). es  verdadera a pesar de que (I) (h) es verdadera          (II) Pérez realmente cree que (h). es verdadera y (III) Pérez  está justificado en creer que (h) es verdadera.

Estos dos ejemplos muestran que la definición (a). no establece una condición suficiente para que alguien conozca una proposición dada. Los mismos casos, con las modificaciones apropiadas, bastarán para mostrar que la definición (b). y la (c)  tampoco lo hacen.

 

Traducción: Robert Calabria

 

 

 



  • ·         Edmund L. Gettier “Is Justified True Belief Knowledge?”, de Analysis , 23, 1963, pp. 121-123. Por problemas de acceso bibliográfico hemos tenido que basarnos en la transcripción  en hipertexto de Andrew Chruky (13/09/07) que luce en Internet. Hasta donde sabemos, ésta parece ser la primera traducción al castellano del artículo completo del autor. La hemos cotejado, asimismo, con la traducción al francés de Julien Dutant (“Une croyance vraie et justifiée est- elle une  connaissance?” en Philosophie de la connaisance. Croyance , connaisance, justification (Vrin, París, 2005)) , con la traducción al portugués de Alvaro Nunes (“A crença verdadeira justificada é conhecimento?”,  en Internet) y con el fragmento traducido al castellano por Vicente Peris Mingueza en Teoría del Conocimiento de R. Chisholm, Tecnos 1982.

Quiero consignar además que una traducción tentadora del título hubiera podido ser ¿Es el conocimiento una creencia verdadera y justificada?, entendiendo el “es” definicionalmente tal como el propio Gettier lo indica al final del artículo. Pero hubiera sido menos literal, por lo cual me inclino por la presente. Una observación final: las notas del autor serán indicadas con numerales, al modo estándar, y expuestas a pie de página y las ( demás notas) del traductor con letras griegas y expuestas al final.

 

 

[1] Platón parece estar tomando en consideración una definición de esa índole en Teethetos 201 y tal vez aceptándola en Menón 98.

 

[2] Roderick M. Chisholm, Perceiving: A Philosophical Study (Ithaca, New York:  Cornell University Press, 1957), p.16.

 

[3] A. J. Ayer, The Problem of Knowledge (London: Macmillan, 1956), p.34.

 



α La expresión completa podría traducirse también como “S tiene elementos de juicio adecuados para P” El estudio de las acepciones del término evidencia en el Diccionario de la Real Academia del  no connota tan fuertemente este componente “judicial” – recogido explícitamente, por ejemplo en la segunda acepción del Webster’s: proof or testimony – orientándose semánticamente hacia el carácter “claro o manifiesto de una certeza” (Real Academia Española, tomo I    ( a-guzpatarra), 1984),véase también la discusión en las notas sobre la traducción de Philosophie de la connaisance… Vrin. 2005), pero en los doblajes cinematográficos o de videos es sólita la traducción de evidence por evidencia en un contexto judicial o policial  como cuando un investigador o detective declara “necesitamos evidencias”, etc. Creemos entonces que para el lector castellano actual la comprensión contextual del término evidencia le facilita el acceso a ese componente “judicial” que hace al sentido relevante del mismo en su uso epistemológico en el contexto presente. En la traducción al francés Dutant escribe “S a de bonnes raisons en faveur de p” indicando entre paréntesis el término en inglés. Alvaro Nunes, por su parte, traduce “S tem indícios adequados para P” 

β Lo que sigue podría denominarse “principio de cierre para la justificación de la creencia”, en analogía con el principio de cierre del conocimiento, véase Dancy, J. Introducción a la epistemología contemporánea . En la versión al francés, luce lo siguiente “…pour toute proposition p, si S est justifié à croire que p, si p implique q, et si S déduit q de p et accepte  p[sic: seguramente un error tipográfico] á cause de cette déduction, alors S est justifié  á croire que q”. Una lectura del texto en inglés permitiría observar que Dutant se inclinó por la línea de traducción que reconstruye el texto de origen a partir del esquema lógico A->[B->(C->D)] en cambio nosotros hemos optado por ( A / B / C) -> D. 

γ Los nombres de persona usados en el artículo original son Smith, Jones y Brown. Parece bastante claro que la intención del autor fue apelar a nombres no infrecuentes en la comunidad anglosajona como para subrayar la generalidad de su punto. Así, me pareció conveniente, para preservar tal intención significativa, y mantener en lo posible la tersura del texto “traducir” esos nombres por otros similarmente no infrecuentes para la comunidad hispana.  Tratándose de apellidos usé los que lucen en este texto. Si hubiesen sido nombres de pila o apodos usuales – digamos, acaso, Tom, Dick y Harry– hubiese optado por la “traducción” a Juan, Pedro y Diego o algo del mismo tenor.

δ Las cursivas son de Gettier.

ε La expresión utilizada en el original es either…or. Consideraciones relativas a la similitud en la estructura gramatical inclinan hacia  la traducción “o…o” o equivalentes.La traducción al francés sigue esta línea ( ou bien Jones possède une Ford ou bien Brown est à Boston, etc) y lo mismo la versión en portugués (Ou Jones possui un Ford ou  Brown está em Boston). Pero otras consideraciones nos dictan la siguiente reflexión: el mismo tipo de similaridad estructural es el que hay entre “o…o” del castellano y “aut…aut” del latín y esto podría inclinar a un lector castellano con tentaciones eruditas a imaginar que hay que interpretar la disyunción del texto en un sentido exclusivo. Y es el caso que, de acuerdo a consideraciones de orden lógico resulta más sencillo, coherente y compacto el texto resultante de  interpretar dicha disyunción como inclusiva. Esas consideraciones atañen al uso del principio russelliano de adición como regla sólita para la inferencia del caso. Por lo demás either…or es tan ambigua como todas  las locuciones latinas para expresar disyunciones, siendo bastante natural interpretar su uso como inclusivo en el siguiente ejemplo tomado de la acepción del término protagonist del Websters´s: “The protagonist … of a play is involved in a stuggled either against someone or something else or even against his or her own emotions”  Hemos optado entonces por emplear la estructura “…o…” como lo hace Peris Mingueza y hemos indicado la conveniencia de entenderla en su sentido inclusivo añadiendo la expresión latina vel que lo expresa inequívocamente. 

θ La expresión que figura en el texto no es implication que admitiría sin problemas la traducción que ofrecemos, sino entailment. Dutant traduce “… se rende compte de l’ implication par (f) de chacune de ces propositions…”; Álvaro Nunes “… comprende a implicaçao de cada uma destas proposiçoes que constuiu a partir de (f)…”, Peris Mingueza traduce el término como “implicación” pero en la línea anterior había encerrado entre corchetes el término entailed. Creemos que las reservas de Mingueza están justificadas: existe otro término castellano que podría haberse empleado y es entrañamiento. Y es el caso que ese es el término que se usa a veces  para traducir entailment al castellano cuando se quiere dar a entender que el vínculo lógico entre las proposiciones de que se trata es el que corresponde a la concepción de los sistemas de la llamada “lógica de la relevancia” (a partir de Anderson y Belnap, 1962) y no al de una implicación clásica (russelliana) o una implicación “estricta” (Lewis y Langford, 1932), véase por ejemplo Filosofía de las lógicas de S. Haack, Cátedra 1991. Más allá de la cuestión (dudosa y subjetiva) acerca del conocimiento por  Gettier de las consideraciones de Anderson y Belnap en los tiempos en que escribió su articulo está el punto interesante de que, por un lado, el hecho de que  los principios de clausura epistémica sean válidos también para una lógica de la relevancia es un resultado esperable y deseable, mientras que por otro lado se cumple que (al menos) su segundo contraejemplo mantiene su fuerza por completo en el caso de que la implicación en cuestión se interprete como un entrañamiento , esto es, como la conversa de una deducción relevante,   dado que en los sistemas de este tipo el principio  de adición (véase nota anterior) sigue vigente.

 

Pero también es cierto que fuera de estas consideraciones algo técnicas el término “implicación” es, creemos, más familiar en estos contextos que el de “entrañamiento” . Como Mingueza y el resto de los traductores que hemos podido consultar, nos decidimos por esa traducción. Pero hacemos explícitas las razones de  nuestras propias reservas al respecto, sobre todo por cuanto sospechamos que tengan pertinencia filosófica en la crítica y discusión del ahora llamado “problema de  Gettier”

 

RECONOCIMIENTOS

Me han sido sobremanera valiosas y útiles las observaciones en materia de inglés coloquial de la profesora Lylian Lew, quien ha tenido la amabilidad de leer esta traducción antes de que fuera entregada para su publicación. Quedo pues,  por ello, con ella en deuda.





Revista de Filosofía Contemporánea de la FHCE - UdelaR